DeLARGE por DeLARGE

Underground por convicción e ideología, me es difícil obedecer los principales modelos establecidos en el mundo del arte. Utilizo entonces, como alternativa o paliativo, la reflexión y un sentido del humor germano (irónico y letal) como escudo protector ante la resignación al formalismo establecido y las nomenclaturas al uso. No mostrándome deudor de condicionantes y pasando por alto limitaciones que dificultan el camino, me manifiesto claramente adicto a los detalles y cuidados de la estética, pero rechazando que ésta sea el único ingrediente que justifique el sentido primero y último de mis piezas. Prefiriendo, por el contrario, recargar la obra de obsesiones, disquisiciones freudianas, que a menudo pueden resultar incómodas, oscuras e inquietantes y que trasforman cada trabajo en lienzos atmosféricos. Fruto de un proceso de investigación malsana por los bizarros mundos del sexo y la muerte; el placer y la destrucción; el cuerpo y su resurrección.

Mi obra siempre se muestra con el distanciamiento objetivo –y premeditado- de un Voyeur. Y ello a pesar de responder a un detallismo revolcado en suciedad e higienizado con delicadeza sin ninguna seriedad política. Mis objetivos como artista se clarifican por sí mismos con el paradójico rechazo a la pornografía tradicional o a la fotografía excesivamente vacua . Deseo disparar (interpelar) al inconsciente primitivo, esquivando todas aquellas miradas -vagamente moralistas- extrapolando las que desean entrar al juego. O reubicarse en otros mundos ilusorios en un doble juego de realidad-ficción, permitiendo convertirse al espectador en pequeños cómplices de un lugar en el que quizás, no desearían estar, pero del que si se dejan seducir, querrían saber mucho más.

Mis planteamientos no se rigen a las demandas de un estilo acotado. Cada proyecto se identifica –indefectiblemente- con mi carácter, mi modo de ver y de entender el arte y el universo de la imagen. Pero confieso que me sentiría fracasado si todos ellos respondieran al mismo procedimiento, que quizás pudiera resultar aburrido y monótono. Al igual que ocurre en cuanto a sus implicaciones filosóficas que tienden a mecerse en un ligero y torturado pesimismo nihilista, pero que no por ello renuncian a modos de vivir más impredecibles, espontáneos y placenteros, donde hablando en términos humanos, se deja a un lado la lógica pura e instrumental y cartesiana, para disfrutar los hechos y las vivencias en su expansión y plenitud desbordada.

Todo ese relato visual superpone y cruza, en un mismo epicentro de representación, historias reales, homenajes (im)personales, intercambio de roles, vidas grises que se convierten al color (o viceversa). La exposición del cuerpo en mi obra es un elemento que acentúa irónicamente una desmesurada carga de espiritualidad, enfrentado duramente por una lucha interna que como si fuera la secuencia de un sueño, desea experimentar la experiencia más intensa de su vida, dejándose llevar por sus más retorcidos deseos, sin dejar de ser victima a su vez de un romanticismo casi irracional.

En mis retratos la gente no tiene hogar teniéndolo, mira desafiante, sin olvidar que son cobardes. Tienen miedo, pero lo disfrazan de orgullo. Trasmiten fuerza mientras son castigados por su más intima fragilidad. Reciben placer y al instante son dañados. Todos los caracteres, así como las obras en si, forman una contradicción puramente sentimental que acaba convirtiéndose en la quintaesencia inconsciente hacia la visceralidad más palpable y latente. En apariencia, un bloque de cemento; en su interior, una casita de cristal. Las obras y su discurrir de voces solapadas en ellas, abogan por la fragilidad y la dureza, la honestidad y el deshonor; en definitiva se precipitan, en su mayoría, hacia la ambigüedad y la paradoja.

Mi forma de plasmar mis ideas y ambiciones, es puramente instintiva. La fotografía como medio de expresión artística me ayuda a su materialización gracias a la inmediatez en un segundo de un largo camino mental. Algo tan íntimo como revelar de un plumazo una imagen que enturbia mis pensamientos, envuelta en un manto de profundidad, pero ocultándola al no facilitar demasiadas explicaciones, orígenes o destinos que respetan la interpretación individual del observador. La conclusión tangible de una oscura visión, un pedazo del alma, sin esperar polémica o provocación, sino un hilo conductor de reciprocidad: un relato de vida.

No hay nada que exalte positivamente de manera más desmesurada mi naturaleza que ser testigo de cómo cada cual vive mi obra a su manera y la hace suya, en cuanto a interpretación y a la arbitraria atribución de significados posibles. Previamente intento dotar mi trabajo de símbolos y circunstancias que generan una dicotomía visual entre la belleza más técnica y ordenada y una experimentación rota y trasgresora, cuya meta y determinación es deslumbrar emocionalmente por su honestidad, y por la que considero que es una capacidad innata en mí de provocación sin recurrir a lo banal y a la gratuidad del hecho.

Me mantengo firme y fiel a un manifiesto personal en donde priorizo la honestidad, de tal modo que no deseo convencer a nadie en que la vacuidad está llena de significados. Una tendencia muy en boga en la actualidad. Es por ello que intento sustantivar el pasado, de modo que resulte viable a los efectos de un entendimientos del presente, reflejando en muchas de mis obras la muerte emocional del estilo de vida sexual que nos rodea y en consecuencia un acto de resurrección, casi poético, sensible, cálido. Pero dejando a un lado la cursilería heredada de artistas añejos seducidos por la belleza del efebo onírico y no por la realidad de la alcoba propia o la de sus semejantes.

Admito que mi obra pueda resulta controvertida, pero yo prefiero describirla como barroca, atmosférica, desobediente y autónoma. En algunos casos bucea en un relajante mar de inocencia; y en otros, al contrario, se descompone en un lodazal de perversidad. Pero de una manera u otra siempre huye fugazmente de la irritante auto-complacencia estancada y cómoda en la que se encuentra el arte homo-erótico contemporáneo y sus modelos de uso.

Mi trabajo es, en esencia, un dispositivo de reacciones infinitas. Reacciones a lo establecido, a las normas que cifran el ideal de lo políticamente correcto, a los criterios –más o menos expendidos- sobre los que se consagran las nociones de lo bello y lo feo, lo abyecto y lo sublime, lo artístico y aquello que se supone se aleja de esto.

Te invito a descubrir, si lo deseas, mi mundo, esperando paciente que sientas la necesidad de ser cómplice de algo mucho más instantáneo, retorcido, e innovador de cuantos embustes disfrazados te hayan deseado narrar.

La realidad, sin la cosmética que imprime la publicidad dominante, suele ser siempre escandalosa. La vida no ha de ser re-emplazada por sus modelos; la vida ha de ser pulsada. Estas imágenes, a su modo, solo buscan dar cuenta de ello.

 

 

ISMAEL DeLARGE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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